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Cómo funcionan los bonos y su relación inversa con las tasas de interés

4 min de lectura

Un bono es un instrumento de deuda: cuando lo compras, le prestas dinero al emisor (un gobierno o empresa) a cambio de pagos periódicos de intereses y la devolución del capital al vencimiento. El emisor se compromete a pagarte una tasa de interés fija, llamada cupón, durante toda la vida del bono. Por ejemplo, un bono de $1,000 con cupón del 5% anual te pagará $50 cada año hasta su vencimiento.

La relación inversa entre precio del bono y tasas de interés es el concepto clave. Cuando las tasas de interés del mercado bajan, los bonos existentes que ofrecen tasas más altas se vuelven más atractivos y valiosos. Si compraste un bono al 5% y luego las tasas caen al 3%, tu bono sigue pagándote el 5%, lo que lo hace más deseable. Por eso su precio sube: otros inversores estarán dispuestos a pagar más para obtener ese flujo de pagos más generoso.

Lo opuesto ocurre cuando suben las tasas: bonos nuevos ofrecerán tasas más altas, haciendo que los bonos antiguos con tasas bajas sean menos atractivos. Para vender un bono al 2% cuando el mercado ofrece 5%, tendrías que bajar su precio para que el rendimiento sea competitivo. Este efecto es más pronunciado en bonos de largo plazo, porque tienes más años de pagos 'antiguos' comparado con lo que podrías obtener nuevo.

Este mecanismo es crucial para entender cómo los cambios en política monetaria afectan el valor de los bonos en el mercado secundario. No necesitas esperar al vencimiento para vender un bono: puedes hacerlo en cualquier momento a su precio de mercado actual, que fluctúa según el contexto de tasas de interés. Por eso los bonos no son solo un producto de rentabilidad fija, sino también un activo que puede experimentar cambios de valor según el entorno económico.

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